Llegan las primeras nieves y nos sorprenden cuando en realidad ya deberíamos estar preparados. Esta preparación pasa por llevar neumáticos de invierno o en su defecto cadenas. En España, su utilización está sujeta al Reglamento General de Vehículos, basado en el Real Decreto 2822/1998, de 23 de diciembre, que dice: “Cuando sea obligatorio o recomendado el uso de las cadenas u otros dispositivos antideslizantes autorizados se deberán colocar, al menos, en el eje de las ruedas motrices dichas cadenas o dispositivos antideslizantes o bien utilizar neumáticos especiales”.
Por supuesto el coche debe estar en perfecto estado de revisión y vigilaremos sobre todo luces, líquido lavaparabrisas anticongelante y limpiaparabrisas. Y cuidado con la batería que sufrirá mucho con el frió y por el uso intensivo de sistemas eléctricos.
Si el coche ha dormido en el exterior y tiene nieve acumulada, la retiraremos pero no solo la que impide la visión sino también el resto para evitar que se desprenda durante la marcha causando molestias y peligro al resto de conductores.
Suavidad y saber mirar
En cuanto a la conducción en sí, lo primero que hay que conocer cuando se circula con nieve es el nivel de adherencia que tenemos. Para ello debe frenar, y en un lugar donde no se genere riesgo, de menos a más (muy progresivamente) hasta notar cuando las ruedas comienzan a bloquearse pero al llegar a ese punto suavice la presión sobre el pedal par no derrapar.
Hay que tener cuidado pues al circular en una carretera nevada y según pasan los kilómetros se tiende a incrementar la velocidad al ver que no pasa nada. Ahora bien cuando de pronto hay que reducir la velocidad se constata la falta de adherencia; las ruedas se bloquean, el coche se hace incontrolable y nos podemos dar de frente con la realidad, léase la cuneta, un árbol o, lo que es peor, otro coche .
La regla a seguir es conservar las ruedas delanteras rectas tanto cuando se acelera como cuando se frena y siempre actuar con suma suavidad con el volante y con los pedales del acelerador, freno y embrague. Si llevamos un coche automático comprobaremos si el cambio tiene una posición W (winter por invierno) en la que realizará los cambios más suavemente.
Si aún así y a velocidad reducida el coche se nos va de las manos,no frene ni acelere, pise el embrague para recuperar la adherencia. Y siempre mire hacia donde quiere ir, y no hacia donde se va el coche; así su cerebro mandará las órdenes correctas a sus manos pues no olvide que siempre se acaba hacia donde se dirigen los ojos.

















