En la ciudad se mueve con una soltura increíble. Es estable al a hora de tomar una curva, gira en muy poco sitio y deja atrás a todos cuando el semáforo se pone verde
En la ciudad se mueve con una soltura increíble. Es estable al a hora de tomar una curva, gira en muy poco sitio y deja atrás a todos cuando el semáforo se pone verde :: S. DE G.

Motor

Una semana con el Twizy

12/05/2012 - 18:57
SANTIAGO DE GARNICA
Fresqui
Meneame

Probamos el nuevo vehículo 100% eléctrico de Renault durante una semana

 
Cuando se prueba un modelo, siempre se toma como referencia a otros de su segmento. En el caso del Twizy esto es casi imposible pues en realidad no hay, hoy por hoy, un modelo comparable. Otra posibilidad era plantearlo como un vehículo a medio camino entre un coche y una moto, pero tampoco considero que esto sea un punto de partida aceptable. Me parecía más honesto intentar partir de una hoja en blanco y verlo como un medio de locomoción para la ciudad y su entorno y, a partir de ahí, juzgar si lo que ofrecía era valido, sus aspectos positivos y aquellos otros discutibles o mejorables.

Con este planteamiento se iniciaba una semana de pruebas al volante del pequeño (2,32 metros de largo y 1,23 de ancho) eléctrico de Renault. El modelo de prueba estaba provisto de puertas (una opción que cuesta unos 500 euros). Estas pesan muy poco y se abren hacia arriba, facilitando el acceso cuando se está aparcado entre dos coches. Se ha criticado que no tienen cristal en la parte superior. Si lo tuvieran pesarían mucho más, y  tendrían que subir y bajar, lo que supondría aún más peso y costes debido a la incorporación de los mecanismos correspondientes ¿Qué efecto tiene esto? Pues que, como en un coche descapotable antiguo o en un scooter actual, en caso de frío el conductor y su acompañante han de ir provistos con la ropa correspondiente. Los tres primeros días de prueba hacía bastante frío y llovía a menudo. En la plaza delantera se va más protegido que en un scooter, tiene que llover mucho para que nos llegue alguna gota y el parabrisas y unas protecciones laterales cortan el viento. En la plaza trasera sí se notan más las inclemencias, pero en cualquier caso la protección es muy superior a un scooter.
 
Hay dos pequeñas guanteras sobre el salpicadero: una con llave aunque solo garantiza una pequeña protección, y otra sin llave y con una toma de 12v. Sirven para llevar la documentación, máquinas de fotos, las llaves, el móvil...
 
En el respaldo del asiento trasero hay un hueco, no muy grande pero profundo y que nos puede servir, por ejemplo, para guardar un ordenador portátil. El acceso al interior es fácil en la plaza delantera y algo menos en la trasera. En cualquier caso ambas son suficientemente cómodas para recorridos urbanos. Y con amplitud para recibir personas de cualquier tamaño y peso: uno de nuestros espontáneos colaboradores en la prueba pesaba 130 kilos y se sentó sin problemas ante el volante llevando a un pasajero de 80 kilos.
El conductor lleva un cinturón de cuatro puntos y cuenta con un airbag en el volante. El acompañante lleva uno de tres puntos.
 
La palabra sencillez también está presente a la hora de ponerlo en marcha. Un giro de llave, un chequeo, un punto más de la llave y silencio total...pero la palabra ‘Go’ en el salpicadero indica que está preparado. A la izquierda del volante dos botones: ‘D’ para ir hacia delante y ‘R’ para ir hacia atrás (al dar en medio de ambos, en la ‘N’ está el punto muerto). Y un freno de mano antirrobo que solo se desbloquea con el contacto dado.
 
En las carretera de acceso a Valladolid el Twizy se integra sin problemas en la circulación gracias a sus 80 km/h de velocidad punta (84 Km/h de contador) y a su aceleración. De noche las luces son suficientes, tanto la corta como la larga. Y el doble piloto trasero permite ser vistos con seguridad. Por cierto, que la luz de marcha atrás es bastante mejor que en muchos coches.
 
Ya en la ciudad, en los semáforos deja atrás a muchos coches. Pasa de 0 a 45 km/h en solo 6 segundos y cubre los primeros 50 metros en 6,5 segundos, mientras que un scooter Piaggio MP3 de 125 cc emplea 7,5 segundos. Es decir que no solo se integra en el tráfico urbano, sino que al final uno termina por desenvolverse en una ciudad como Valladolid con más facilidad y agilidad que con un coche. Respecto a un scooter tiene la desventaja de no poder ir entre dos carriles en una aglomeración, maniobra poco recomendable pero habitual.
 
Divertido
 
La conducción del Twizy es muy divertida. Es estable porque el centro de gravedad está muy bajo. Los cien kilos de la batería los llevamos en el suelo y en el centro del coche. El motor, en la parte posterior, también va en una posición muy baja. Y también porque las suspensiones (desarrolladas por Renault Sport) son extremadamente eficaces y duras: el recorrido de amortiguadores y muelles es muy corto. Por eso no son un modelo de comodidad a la hora de afrontar un bache pero en cuanto a sujetar la carrocería, son perfectas. Además, los neumáticos especiales de Continental aparte de ofrecer una débil resistencia a la rodadura (para ahorrar energía), tienen mucha adherencia longitudinal y algo menos transversal. Con ello se logra eficacia en la frenada y un comportamiento previsible y progresivo si nos deslizamos lateralmente en curva, en caso de ir a una velocidad muy elevada sobre un suelo poco adherente. En conjunto el Twizy tiene un comportamiento sano. Es capaz de abordar las curvas a un ritmo alto y de forma segura, e incluso puede pasar por las rotondas a un ritmo inconfesable sin correr peligro de volcar. La dirección no tiene asistencia, lo que la hace ligeramente dura en las maniobras de aparcamiento en comparación con una servoasistida, pero le da mucha precisión al trazar las curvas. En cuanto al frenado, no lleva ABS pero compensa con el buen tacto del pedal que permite controlar bien la presión de la frenada.
 
Ofrece una buena visibilidad y al ir sentado el conductor a la altura de un coche convencional, o incluso algo más alto, uno no se siente acomplejado por el entorno. 
Dada su longitud (18 centímetros más corto que un Smart Fortwo), en un aparcamiento en línea se puede colocar de forma perpendicular, mientras exista un hueco de 1,40 m. Pero claro, queda más expuesto a los golpes en sus puertas que si lo hacemos en línea, donde sus parachoques le protegen perfectamente. Puede girar en un circulo de solo 6,8 m de diámetro, frente a los 8.8 metros de un Smart.
 
Y el ruido. Si bien hacia el exterior es muy silencioso, en el interior resulta elevado el silbido que produce la reductora (que hace el papel de caja de cambios y diferencial). Al final uno termina por no hacerle caso.
 
Autonomía real

Nos cuentan que en Europa un scooter recorre en ciudad una media diaria de 35 kilómetros. El Twizy nos ha dado una autonomía real de 70 kilómetros con una conducción tranquila pero sin perder el ritmo del tráfico, y de 50 a 60 kilómetros exprimiendo las posibilidades de su motor y arrancando a tope en cada semáforo. Aunque parezca lo contrario son bastantes kilómetros para hacer en ciudad. Si hemos dejado la batería a cero, tarda tres horas y media en recargarla al cien por cien. Pero si la batería está a medias, basta hora y media de recarga. No tiene la posibilidad de recarga rápida sino únicamente con un enchufe convencional. Por cierto que el cable (tres metros) va en el frontal guardado en un hueco con una tapa que se abre sin más, sin ningún bloqueo de seguridad que impida un acto de vandalismo de algún impresentable. 

Balance
 
En definitiva, el Twizy tiene muchas ventajas a la hora de moverse en ciudad. Es más dinámico que un coche, aunque no tanto como una moto, protege a sus ocupantes mejor que un scooter y aparca en un sitio casi tan pequeño como uno de estos de tres ruedas. Ahora bien, sus ocupantes no van ni tan cómodos ni tan protegidos (¿o habría que decir separados?) del exterior como en un coche convencional y exige a sus ocupantes, cuando hace frío, ir vestidos como en una moto. Pero les protege mejor que estas frente al frío, el viento y la lluvia, y ante un impacto con otro vehículo, aparte de no tener que llevar casco.
 
En cualquier caso no hace falta vivir en una ciudad grande para que resulte una alternativa de transporte. Basta utilizarlo durante una semana en una ciudad media o en una zona rural para darse cuenta de cuanta leyenda urbana ha generado por desconocimiento y hasta que punto resulta práctico a la hora de ahorrar tiempo y dinero.
 
Probamos el Renault Twizy

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