La foto más antigua de la exposición que Daniel Mordzinski presenta en la sala municipal de Las Francesas de Valladolid tiene 33 años. En ella se ve a un Borges ya con esa imagen que todos recordamos, casi ciego, de perfil, delante de una cámara (se filmaba un documental sobre su vida) y una mano que asoma señalando la luz. Entonces Mordzinski era joven y tímido e hizo la foto a cierta distancia. «Si entonces me hubiera preguntado por qué o para qué hice esa foto, seguramente no habría llegado hasta aquí». Ese aquí son 83 retratos de 80 escritores (solo Delibes repite en tres imágenes, como homenaje al escritor en su ciudad) con los que este fotógrafo argentino, afincado en París, pretende dar 'una vuelta al mundo en 80 retratos de escritores' que, como él mismo explicaba ayer, podía haber empezado en Buenos Aires, su ciudad natal, o en París, la de su residencia. «Pero es metafórico que la exposición empiece en esta hermosa ciudad y ocupe este espacio desacralizado donde se presentan los retratos de un autor al que debemos agradecer que intentara desacralizar la literatura», dijo en referencia al autor de 'El hereje'.
Mordzinski es fotógrafo de prensa y, entre todos los personajes que fotografía a diario, ha elegido a los escritores para detenerse. Para intentar saber algo más de ellos a través de su objetivo «intentando no aparecer yo en la foto». Y ha elegido quitarles su marco de referencia. No hay libros en sus retratos. Nunca el fondo es el sagrado espacio de una biblioteca histórica, ni siquiera el de una modesta biblioteca de barrio. Si hay referencias espaciales, suelen ser habitaciones de hotel (Gabriel García Márquez), salones de espera (Francisco Ayala), paisajes abiertos que tengan relación con su persona o su escritura (Amos Oz) o poses inéditas como esa imagen en la que José María Merino, de pie, retrata a un Juan Pedro Aparicio sentado. A veces los retratos son una paradoja pues apenas vemos al protagonista, bien porque está detrás de un paraguas (Ian McEwan) o detrás de una máscara (Enrique Vila-Matas).
No hay alardes técnicos, ni siquiera innovadores o rupturistas en su lenguaje. Son fotos de pequeño formato y sencilla ejecución cuyo principal valor es su argumento. Ese 'sacar de quicio', de su ambiente habitual, a sus personajes con cierta ironía y humor pero sin caer «en el golpe bajo o el ridículo».
No hay muchas mujeres. Claro está. Aun así, es una alegría encontrarse con la elegancia de Nadine Gordimer, el humor de Ana María Matute o la coquetería de Agustina Bessa-Lluis, esa mujer tan profunda en sus escritos. Pero sobre todas las fotografías, destaca una que a buen seguro pasará desapercibida en la exposición. Y a mi juicio es la mejor. Quizá porque en ella consigue su autor radicalmente ese propósito de no aparecer en la imagen. Es la de una Nathalie Sarraute en su vejez. La gran renovadora de la novela francesa, esa mujer pionera en tantos aspectos, muestra su fragilidad envuelta en un chal, algo encorvada, pero con una mirada firme, un punto insolente, iluminada a medias por la luz que entra por el balcón tras el que suponemos una calle de París. Una grande de verdad tan olvidada entre tanto autor mediático.
Daniel Mordzinski posa junto al retrato de Miguel Delibes, en su exposición de la sala de Las Francesas. :: Ramón Gómez
Sala de las Francesas
Daniel Mordzinski expone en Valladolid 30 años de retratos de escritores
02/04/2011 - 00:10
ANGÉLICA TANARRO
Mordzinski es fotógrafo de prensa y, entre todos los personajes que fotografía a diario, ha elegido a los escritores para detenerse. Para intentar saber algo más de ellos a través de su objetivo «intentando no aparecer yo en la foto».




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