Asistían a damas y desvalidos con la dedicación y la entrega que conducían al pueblo a sentir admiración por esos nobles siempre dispuestos a servir.
Aunque parezca hoy mentira, aunque tan sólo quede un olvidado recuerdo en los libros de historia, Valladolid tuvo un castillo.
Fortaleza defensiva que mostraba a los enemigos un carácter recio y firme pero que a su vez poseía ventajas suficientes como para ser la residencia del Rey en sus visitas a la localidad.
En el interior del tiempo : El Alcázar de Valladolid




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